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Impuesto sobre el Patrimonio, un impuesto en extinción

Feb 23, 2022 | Patrimonio

El Impuesto sobre el Patrimonio es un ‘rara avis’ en el mundo desarrollado. Este tributo, que grava el patrimonio de las personas físicas y se aplica sobre el valor de sus bienes, solo existe en un grupo muy reducido de países en la OCDE.

Francia ha sido el último que lo ha derogado y solo lo aplica a los bienes inmuebles, Mientras que el gravamen de Colombia es temporal y dejará de aplicarse este año. Así,  España, Noruega y Suiza son los únicos tres miembros de la organización de los países ricos que mantienen vivo este gravamen, a pesar de que apenas tiene efectos en la recaudación.

En el caso doméstico, de hecho, el objetivo del Gobierno es reforzar su aplicación. Y ha encargado a un comité de expertos que busque una fórmula que permita garantizar su cobro. El objetivo es evitar que las bonificaciones fiscales que aplican las comunidades autónomas reduzcan su pago real. En regiones como Madrid, por ejemplo, el Impuesto sobre el Patrimonio está bonificado al 100%.

El comité de académicos está ultimando un informe con recomendaciones de cara a una reforma fiscal y están debatiendo de qué manera se puede establecer un tributo de carácter obligatorio. También valora establecer un gravamen mínimo o dejar esta tarea en manos de Hacienda. Desde la Generalitat de Cataluña llega una propuesta de establecer un doble tramo (estatal y autonómica), como ya sucede por ejemplo en el IRPF. Una propuesta que, por tanto, dejará a España como el único país de la UE que mantiene el impuesto.

Todo ello pese a que el sector económico pide su derogación y de que, según el Instituto de Estudios Económicos (IEE), Patrimonio sea un impuesto desfasado, por lo que no tiene sentido tratar de armonizar su aplicación en el conjunto del país.

Por qué está desapareciendo el Impuesto sobre el Patrimonio

El motivo de la supresión de esta figura tributaria es, principalmente, su escaso impacto en la recaudación.

En países como España y Francia, los ingresos a través de Patrimonio apenas suponen un 0,5% del total, mientras que en Noruega representan cerca del 1,1% de la recaudación. En Suiza este tributo llegó a suponer el 3,7% de los ingresos en 2016, cuando batió récord.

Sin embargo, la propia OCDE también deja entrever que de forma generalizada este impuesto ha provocado evasión y elusión fiscal en todos los países. Además, son muchas las voces que afirman que este tributo supone una doble imposición, ya que gravan dinero ya sometido a impuestos. Impulsa una huida de los grandes capitales hacia otros mercados con menos impuestos.

De hecho, algunos estudios afirman que la aplicación del Impuesto sobre el Patrimonio tiene más efectos negativos que positivos. El Instituto IFO de Alemania, por ejemplo, ha estimado que la vuelta del impuesto sobre el Patrimonio apenas suponía un aumento de la recaudación del 1% a corto plazo. Se podía restar hasta cinco puntos al PIB a medio y largo plazo. Y Francia, que ha sido el último país europeo que ha dejado de aplicar esta figura. El país vecino, ha llegado a la conclusión de que la pérdida global neta de recaudación podría ser del doble de los ingresos obtenidos. Todo ello, como consecuencia de la contracción de la actividad generada.

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Publicación realizada por: Idealista.